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Diamantes:
No hay que confundir
Siendo muy imitados,
utilizando a veces sofisticadas técnicas. Desde las
más sencillas, obtenidas a partir de un de vidrio de
plomo llamado "strass", a menudo moldeadas, a las
más logradas que se obtienen por talla y pulido convencionales
de una piedra de inferior calidad y precio.
El mercado mundial de estas gemas,
salvo Ibero América y Rusia, está controlado
por un pequeño grupo de empresas encabezadas por De
Beers Consolidated Mines Ltd., a través de empresas
subsidiarias. Amberes, Londres y Nueva York son los tres principales
centros de contratación, cuyos precios se suelen fijar
en esta última.
En la actualidad entre Australia, Zaire, Botswana, Rusia,
Sudáfrica y Namibia son responsables del 90% de la
producción mundial.
Únicamente el 25% de los diamantes extraídos
pueden calificarse como gemas, la mayoría menores que
una cerilla, y casi el 50% de su peso se pierde durante la
talla.
Para obtener un diamante de calidad gema es necesario extraer
y procesar más de 250 Tn de mineral, lo que justifica
sobradamente su precio.
Se suele decir que antes de que un diamante brille en la mano
de una mujer es probable que haya visitado países de
los cinco continentes, y pasado por las manos de cientos de
personas.
Con algo de experiencia no es difícil de distinguir
una imitación moldeada, ya que con la lupa pueden verse
las aristas y filos redondeados y a veces con burbujas de
aire en su interior; además, al ser malas conductoras
del calor, su tacto es cálido o neutro, no frío
como el del diamante natural.
Estas imitaciones son opacas a los rayos X, en tanto que el
diamante es transparente.
También se pueden obtener imitaciones a partir del
cristal de roca, variedad transparente de cuarzo, que puede
ser cortado y tallado en forma de brillante, del circonio
semiprecioso, capaz de dispersar bien la luz, del titanato
de estroncio, del rutilo (óxido de titanio) o la espinela
(aluminato de magnesio), que pueden hacerse transparentes
con el tratamiento térmico adecuado. Su dureza está
comprendida entre 7 y 8, por lo que son fáciles de
rayar con un diamante natural (10).
No hay que confundir, sin embargo, los diamantes de imitación
con los sintéticos, ya que estos tienen la misma estructura
cristalina y característica que los naturales. En efecto,
en 1955, los técnicos de la General Electric, utilizando
presiones de 100.000 Atm. y temperaturas de 2.750 ºC,
consiguieron sintetizar diamantes. También más
recientemente se han obtenido diamantes de igual calidad a
los naturales calentando una pequeña "semilla"
de diamante en atmósfera de metano, lográndose
piezas de alrededor de 1 quilate, pero su precio es mucho
mayor que el de aquellos.
Para que se formen diamantes naturales se requieren elevadísimas
presiones y altas temperaturas, con probabilidad dentro de
magma fundido, y explusados al exterior por chimeneas de tipo
volcánico eruptivo, en las que se dieron aquellas condiciones.
Las más conocidas se encuentran en la región
sudafricana de Kimberley, lo que ha dado nombre a una roca
de tono azulado, la kimberlita, presente en las citadas chimeneas,
aunque también aparecen diamantes en depósitos
aluviales y diluviales de origen antiguo, llamados yacimientos
secundarios, junto con otros metales pesados y también
valiosos como el oro, platino, circonio, rutilo, etc.
No todas las características de los diamantes no se
hacen ostensibles a simple vista para cualquiera, son necesarios
conocimientos, experiencia y, a menudo, instrumental adecuado
para ello. Así una lupa u otro elemento de ampliación
permite ver sus inclusiones, talla, etc., pero será
necesario emplear un refractómetro si se quiere determinar
el valor de su ángulo de refracción, un espectroscopio
para averiguar su espectro de absorción, luz ultravioleta
e incluso rayos X si se desea distinguir con toda certeza
una pieza auténtitica de una buena imitación.
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